Masescena - Alucinante

AÑO VI  Número 261

18 AGOSTO 2022
DIARIO FESTIVO DE ALMAGRO

Alucinante

 Imagen de Helena Pimenta en el homenaje que le brindó el Festival de Almagro en su 45ª edición

Lunes, 18 de julio de 2022. Día 19

Llevo un par de días alucinado con una noticia que publicó este medio. El cardenal Monescillo era un nombre de calle de Ciudad Real. Luego adquirí, no les digo cómo, un par de volúmenes en los que se estudia su figura, editados por la Universidad de Castilla-La Mancha, que Antolín Monescillo era de Corral de Calatrava, de este Campo del que Almagro fue cabeza. Ayer reapareció el cardenal, su biblioteca más bien, porque dizque en 1929, muerto y enterrado el corraleño, de donde salió rumbo al Museo de Artes Escénicas un grabado de Calderón atribuido a Antonio Gómez Cross, un pintor romántico y valenciano del siglo XIX. Junto al grabado iba una vitrina con un hueso de la mano derecha de Calderón de la Barca, como si fuera el mismo Jesús o san Nepomuceno. Reliquias literarias, en este caso avalada por un acta que firma Julián Romea, el mítico actor, en 1840. Busquen la historia del duelo de Julián Romea y el crítico Ignacio Escobar, que es buena, pero que nos aleja de nuestro propósito.

La trama ha dado un giro radical con la intervención del doctor Salvador Moyà-Solà, del Instituto Catalán de Paleontología, que vio el dedo en un reportaje de La Vanguardia y ha elaborado un informe en el que se descubre la verdad: el dedo es de un pie. Y encima del izquierdo. Alucinante, ¿no? ¿Será de Calderón o de otro muerto cualquiera? No sé qué me sorprende más de todo este asunto, si el que haya gente que guarde un dedo de Calderón, que nadie se dé cuenta de que es fake durante un siglo y medio, que se descubra por un reportaje en el periódico…

Otra cosa que me dejó alucinado ayer fue mi redescubrimiento de que en Almagro hay un parque dedicado al Festival. Que lo sabía, pero lo había olvidado por completo. Nadie lo llama el parque del Festival, sino el de Las Nieves, por la urbanización en la que está. Hay en él tres piedras, una sobre otra, elevada la segunda y la tercera por unos hierros, y en la superior una inscripción en piedra, manchada por la tierra roja, en la que se difunde el nombre a quien se acerque a leerlo. Supongo que casi nadie en Almagro lo sabe.

La tercera alucinación es ajena y no propia, que me cuentan que por las calles de Almagro se vio el sábado un grupo de gentes en mono con una pancarta en la que se leía “Ignacio dimisión”. ¿La vida es sueño? Estamos precisando, pero ya, el dedo, del pie o de la mano, de Calderón, para que ponga orden entre tanto desconcierto. Están pasando cosas en el Festival un poco raras últimamente y quizás tengan que ver con que es el último año de los cinco del nombramiento de Ignacio García como director.

En lo que sí hubo concierto es en el homenaje a Helena Pimenta. Allí todo el mundo estuvo de acuerdo en alabarla. Yo también lo hago. Sus montajes pusieron la relación entre la escenografía y el texto en primer plano, acercaron el teatro clásico a todo el mundo y siempre nos sorprendieron, nos deleitaron y nos entretuvieron. Si hay que levantarse para aplaudir, se levanta uno, que Pimenta bien merece un aplauso en Almagro, uno de los hogares que ha ido dejando por toda España.

 

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