Masescena - LUZIA: Lluvia de agua, luz y color en el regreso del Circo del Sol, con México como protagonista

AÑO VI  Número 275

26 NOVIEMBRE 2022

LUZIA: Lluvia de agua, luz y color en el regreso del Circo del Sol, con México como protagonista

Madrid vuelve a sentir la magia del circo de la mano de Cirque du Soleil, con un nuevo espectáculo físico y sensorial sobresaliente, el trigésimo octavo desde su creación en 1984, que podrán disfrutar hasta el 22 de enero en la carpa ubicada en el recinto ferial de la Casa de Campo, tras su éxito en Barcelona y Alicante.

La pandemia ha golpeado a todos los sectores, y uno de los más perjudicados fue el de las artes escénicas, porque suponía un parón total de todos sus eventos. Si ha sido complicado para pequeñas producciones, imagínense para la mayor productora de circo del mundo, que tuvo que tomar el 11 de marzo su decisión más difícil: la suspensión de 44 espectáculos y el despido del 95% de su plantilla. Pero como suele decirse en este sector, “El espectáculo debe continuar”, y fíjense si ha continuado que estamos ante una producción fascinante donde la luz y la lluvia se han fusionado para dar nombre a esta maravillosa construcción.

El asistente cuando acude a cualquier espectáculo espera disfrutar, divertirse o evadirse, pero sobre todo desea vivir una experiencia única que pueda compartir. Estas sensaciones son atribuibles tanto a la dirección como al libreto del show que nos ocupa, dirigido por Daniele Finzi Pasca y co-escrito por Julie Hamelin Finzi. Ambos nos ofrecen un viaje a México, desde sus costumbres de antaño hasta el paisaje y la arquitectura urbana de nuestros días. Un recorrido donde podemos ver y sentir, a través de proyecciones, caracterización, acrobacias y demás sorpresas, sus paisajes, la riqueza cultural, fruto de la mezcolanza de influencias y colisiones creativas, y el impulso más grande que existe, el espíritu indomable de su gente. Como indican desde la producción, Luzia bebe de la tradición y de la modernidad para transponer en el escenario los múltiples lugares, rostros y sonidos de México. Un hilo conductor, en forma de un relato único, reconocible en todos los números, tanto en forma como en contenido, ejecutado por un equipo de más de un centenar de personas, de 25 nacionalidades diferentes, de los que 46 son artistas.

El comandante y maestro de ceremonias de este hermoso viaje es Eric Koller, un prestigioso y reconocido payaso y actor, capaz de sacarnos una sonrisa, cuando no una carcajada, o nuestro lado más tierno. Es el encargado de dar continuidad a la historia y llevarnos desde una playa desértica hasta una rebosante catarata. Además de su facilidad para el humor, sus torpes e histriónicos movimientos por el escenario –exigencia del libreto– y su marcada y profesional gestualidad facial y corporal; su principal atributo es la forma de conectar con el público, quien no duda en seguirle en sus dinámicas, mientras los demás artistas preparan su siguiente actuación. Por tanto, las delicadas y rápidas transiciones con la atención del público en los números cómicos, otorgan al espectáculo continuidad y fluidez.

Una vez ya inmersos en la cultura mexicana podemos disfrutar de otra de las esencias de cualquier espectáculo circense, la amplia y variada gama de disciplinas, siendo las de esta productora canadiense las de mayor prestigio. Los amantes de la precisión y belleza rítmica y visual quedarán impresionados con números clásicos como los malabares con clavas de Cyril Pytlak, el salto al aro –con la dificultad  de ejecutarlo sobre cintas de correr–, la rueda y el trapecio u otros más modernos como el baile del fútbol. Los que prefieran números donde la fuerza sea la protagonista, se complacerán con el equilibrio sobre bastones de Sascha Bachmann –como reconocimiento al potencial cinematográfico mexicano–, los mástiles chinos y postes y las correas aéreas de Jérome Sordillon. Aquellos que se decanten por poner a prueba su cuerpo, se encogerán con los números de flexibilidad y contorsionismo de Aleksei Pytlak, uno de los más aplaudidos. Y los que prefieran más acción, alucinarán con las acrobacias aéreas con columpios.

La esencia de Luzia es la luz y el agua. La luz es colorido y va unido al majestuoso y cuidado vestuario diseñado por Giovanna Buzzi. Con más de mil cien elementos, la modernidad y la tradición, nuevamente, se dan la mano al servicio de trajes confeccionados con patrones y técnicas contemporáneas, con inspiraciones folclóricas como homenaje a la maestría de los artesanos tradicionales de México. Sorprende por su belleza, majestuosidad y ser la imagen de cartel, la aparición de la Mujer corredora, Oliva Aepli, que según explica la compañía es un tributo al viaje migratorio anual de la mariposa monarca desde el sur de Canadá hasta el centro de México para el invierno. La falta de animales reales queda suplida con un impresionante diseño de cabezas, desde cocodrilos, iguanas o cucarachas, hasta saltamontes, armadillos, serpientes o criaturas del mar. Algunas de las "partes de su cuerpo" son manipuladas como marionetas capaces de darles vida con coreografías diseñadas por Gerardo Ballester. El agua es vida y la vida es inspiración. Para escenificarlo, se ha construido un estanque debajo del escenario y cortinas de lluvia, donde se crean imágenes como otomíes, gotas de lluvia, flores o diversas figuras de animales. Además, sirve de apoyo al relato y de elemento de unión con los artistas, donde literalmente llevan a cabo sus números sumergidos. Un experiencia de alta complejidad técnica y hermosa visualmente.

La música también está presente en Luzia, su compositor Simon Carpentier es capaz de poner la banda sonora al viaje que hemos emprendido por México. Con buen criterio, opta por notas fuertes, potentes y con sabores distintivos de América Latina, que la solista Majo Cornejo es capaz de darlas voz en un número emotivo y sensorial sobresaliente con la aparición de un jaguar animado. Trasladados a géneros concretos, observamos una fusión de estilos muy interesantes. El más predominante es la cumbia, dominado por guitarras, acordeones y percusiones, así como los animados ritmos de bandas, como ejemplo de la música tradicional. Como indican desde la productora, Simon también se inspiró en los ritmos ricos, tónicos de la música norteña, un género popular en el norte de México, así como de huapango, un estilo de música basado en el flamenco de la región de la Huasteca a lo largo de la costa del Golfo de México. Todos ellos son ejecutados a la perfección por músicos dirigidos por Sébastien Laurendeau. En definitiva, una fiesta musical.

La construcción escenográfica, diseñada por Eugenio Caballero, termina de culminar este espectáculo. Bajo la carpa circense encontramos dos anillos giratorios y una cubierta central formada por 94.657 agujeros por los que el agua cae en un recipiente de 3.500 litros, escondido debajo de donde se desarrolla la acción. Llama la atención, por su tamaño y color, el disco elevado apoyado sobre un suporte que funciona como una grúa, pudiendo girar 360 grados, y que sirve de fondo para alguno de los números.

El Circo del Sol regresa a Madrid con LUZIA, un espectáculo onírico, físico y sensorial, con asombrosos números, repleto de agua, luz y color con México como protagonista.