Masescena - Opinión

AÑO VI  Número 275

26 NOVIEMBRE 2022

La fuerza del cariño es una película de comedia dramática estadounidense, basada en la novela homónima de Larry McMurtry, dirigida, escrita y producida por James L. Brooks, y protagonizada por Shirley MacLaine, Debra Winger, Jack Nicholson, Danny DeVito, Jeff Daniels y John Lithgow. La película cubre 30 años de la relación entre Aurora Greenway (MacLaine) y su hija Emma (Winger). 

El 10 de septiembre se cumplen veinte años de la muerte de Alfredo Kraus. A la noche siguiente de su fallecimiento, Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute pidieron un aplauso en homenaje al tenor a las 18.000 personas que asistíamos a su concierto en Las Ventas. Aplaudimos durante minutos. No estábamos solos. Kraus era también uno de los nuestros aunque no hubiera en el Discoplay camisetas negras con su nombre. 

Teatro del Noctámbulo ha cerrado la 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con su propuesta de Tito Andrónico, una de las tragedias menos representada del escritor inglés del siglo de oro, William Shakespeare. Para esta ocasión se ha encargado la versión al escritor Nando López, quien con su sensibilidad y pasión ha puesto palabras actuales a la tragedia que un día escribiera el genio inglés.

Sueña el actor que es actor, y vive en ese escenario declamando y actuando: y ese aplauso, que recibe prestado, en el currículum escribe, y en cenizas convierte el teléfono que no suena. ¿Que haya quien intente actuar, viendo que ha de despertar sin sueños y sin versos?

Mierda. Mierda. Mierda. La mierda como lema de esta revuelta. La mierda como símbolo de libertad. Una epidemia de piojos que se extiende por las cabezas de las niñas de este colegio concertado. Unas piojas marxistas, hijas de la revolución lingüística. Una epidemia que sólo ataca a las niñas del colegio concertado Blas de Lezo. Los mayores ya vienen con la plaga de serie. 

En estos días en que los seres humanos rescatados de la muerte por el Open Arms se han convertido en tema banal de tertulia veraniega se hacen más necesarias que nunca propuestas que nos pongan frente al espejo y conviertan las cifras en personas. No podemos convertirnos en aquellos romanos que salvan o condenan con el dedo pulgar o con el voto. 

Pentación, Jesús Cimarro y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida han decidido tirar la casa por la ventana en estas últimas semanas con la producción de "Metamorfosis". ¿Y porqué digo esto? Porque han conseguido conformar un reparto de lujo y excepción, que probablemente no veamos en mucho tiempo. Y es que para la ocasión el reparto ha sido encabezado por la veterana actriz Concha Velasco, quien ejerce de maestra de ceremonias y como nexo de unión de los diferentes mitos y leyendas que en escena se cuentan, y que escribiera Ovidio en su obra maestra, versionada por Mary Zimmermand.

Hemos hablado ya demasiado de la España Vaciada. Es el momento de pasar a la acción y de tomar medidas drásticas. Arrancarnos las etiquetas para empezar de nuevo. En tierras de peregrinaje parecen aún más absurdas las ideas peregrinas que tenemos que escuchar de aquí y allá. Si el presidente en funciones o el que hace las funciones de presidente, que no sé si es lo mismo, propone que descentralicemos las instituciones para salvar estas tierras de la despoblación, ahí va una propuesta: crear un Teatro Nacional Rural en Urones de Castroponce.

Los locos de Valencia

 

Hubo un momento en el que pareció que el escenario del Palacio de los Oviedo se iba a quedar pequeño. La culpa la tuvieron los 16 actores de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) de México. Todos jóvenes, todos muy activos, se movieron recreando Los locos de Valencia, otra de las obras del periodo valenciano de Lope, del destierro al que le condujeron los libelos contra Elena Ossorio y al que llegó con la “secuestrada” Isabel de Urbina. De amores Lope hablaba siempre en primera persona.

La hija del aire

 

En los tiempos del menos es más, del “imagínate que allí hay una puerta”, de hacer de la obligación virtud, de escenarios desnudos y actores pluriempleados que encarnan “en horas dos”, veinte personajes, La hija del aire  de Mario Gas reverdece antañonas sensaciones, cuando más era más. En honor a la verdad, no hay otras opciones con esta reinterpretación de la leyenda de la reina Semíramis que nos regaló don Pedro para hablarnos de tantas cosas que no caben en una crítica. De hecho, no es una obra, sino dos. El 13 de noviembre de 1653 se representó la primera parte. Tres días después, la segunda. Las presenciaron Felipe IV y Mariana de Austria, la que iba a ser su nuera y acabó siendo su esposa. No se representó en ningún corral, claro. Se representó en el Real Coliseo del Buen Retiro, lugar adecuado para las majestuosas escenografías de los Cosme Lotti y Baccio dei Bianco. Disculpen la profusión historicista, pero conviene saber que en La hija del aire más es más. Y conviene saber que Mario Gas, maduro debutante en esto del teatro clásico, ha dado con el ambiente, el tono, el aire al fin y al cabo, adecuados.

El lindo don Diego

Hace muy poco pudimos ver, en el AUREA, al ridículo don Lucas del Cigarral en Entre bobos anda el juego. El sábado, en el Corral, hizo su aparición otro de los figurones de nuestro teatro, no menos ridículo que aquel, el lindo don Diego, de Moreto, que fue la edición pasada lo que en esta es sor Juana Inés de la Cruz, hilo conductor del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Si el Lucas de Rojas Zorrilla entendía las relaciones humanas como una compra-venta en la que el que amasa más dinero tiene las de ganar, el Diego de Moreto es uno de esos tipos tan pagados de sí mismos que es incapaz de interpretar la realidad como lo haría cualquier otro. Se lo impide su ego, el alto concepto en el que tiene de su belleza, adornada con afeites y pelucas. Todo ello genera, claro, risas; para dar paso a la reflexión posterior, cuando se han apagado las carcajadas y los aplausos. O al menos así debería ser.

Con quien vengo vengo

 

A Calderón conviene oírle bien, porque esconde bombas en muchos versos. El Calderón imperial y ultracatólico convive, en la misma obra, con el plantador de semillas subversivas. Basta recordar a Clarín en La vida es sueño, el tipo cuya espada vale tan poco que puede dársela a cualquiera, así que se la entrega al nobislísmo Clotaldo. El drama calderoniano se eleva sobre el tópico. Pero también lo hace la comedia, donde a Calderón se le recuerda menos, vayan ustedes a saber por qué, ya que algunas de sus mejores obras figuran en este apartado. Ya hemos tenido ocasión de disfrutar en esta edición del Festival Internacional de Teatro Clásico La dama duende en estonio. En el AUREA pudimos Con quien vengo, vengo, mucho menos conocida, pero en la misma línea. Su gracioso, Celio, no quiere revelar a quién sirve y le responde a don Sancho (don Sancho alrededor de 1630 debía resonar igual que ahora), que es criado de Dios: “Si Dios todo lo ha criado/ ¿quién no es criado de Dios?/ Y si argumentos tan buenos/ no os dejan asegurado,/pruebo que soy su criado/ en que es a quien sirvo menos”. Esas tenemos en esta obra maestra del enredo y del disfraz, en la que la oscuridad parapeta y alienta las confusiones de identidades y en la que los nobles se enamoran de los criados, aunque resulte que no lo son.