Masescena - Opinión

AÑO VI  Número 275

26 NOVIEMBRE 2022

Miércoles, 7 de julio de 2022. Día 8

El Festival ha puesto dos días de descanso, como si fuera el Tour o el fútbol moderno, que no sé si es muy flojito o es que nos marca el camino con el cambio climático. Ahora, en todos los partidos, desde mayo a octubre, hacen cooling breaks, pausas para refrescarse. Estoy por pensar que la evolución se ha acelerado considerablemente. Los niños de antes éramos como camellos, podíamos pasar un desierto sin beber hasta encontrar la siguiente fuente herrumbrosa. Los de ahora, no. Se han adaptado y tienen que beber cada cinco minutos si están fuera de casa. En casa pueden pasar sin hacerlo días. O tal vez sean los padres los que hemos evolucionado o involucionado. Anyway, que estamos bárbaros, como soy muy bien mandao, en el cooling break, tenía la intención de refrescarme de Festival, pero como tengo poca memoria, no lo hice.

Miércoles, 6 de julio de 2022. Día 7.

Por la mañana estuve en el mercadillo. Hacía más de un año que no iba, pero nada había cambiado. Fui a los puestos de siempre e hice las bromas de siempre. Funcionaron como siempre, porque a los vendedores les interesa hacer como si uno fuera gracioso. En realidad lo que quieren es tu pasta y si tienen que pagar con unas pocas sonrisas, pues se paga. A cambio, hacen lo que les viene en gana. Que quieres tres o cuatro pimientos, pues sales con seis. Pides un kilo de melocotones, los mejores por supuesto, y te llevas 1,8. Lo pone en la báscula y cuando lo pesan te lo dicen, como regodeándose: pasa un poco del kilo, ¿qué? Así que les haces una broma para vengarte, ellos se ríen y se llevan tu parné. Para llevarte un kilo tienes que pedir cuarto y mitad, que es una terminología que me abruma y me fascina. ¿Qué manera de contar es esa? Lo entenderías si todos estuviéramos embarazados, porque es sabido que el preñamiento produce un trastorno en la parte del cerebro que lleva los cálculos y pasas a hacerlos en semanas e incluso días, pero sin estarlo…

Martes, 5 de julio de 2022. Día 6.

Vi al dire Ignacio García bajar de un coche muy pequeñito, un Smart, que quedó aparcado en la puerta de Valdeparaíso como si fuera un anuncio. Enfrente, junto a la fachada de Torremejía, dos furgonetas, una de ellas de una empresa de Villarrubia de traslados medicalizados o algo así. Viene, parece, el alcalde rudo, Mauricio Fernández. Valdeparaíso, Torremejía, la inflación de los apellidos, tan empobrecedora para la mayoría como la otra. O el fetichismo. Son dos edificios preciosos que contribuyen a dibujar el rincón más bello de Almagro, ese que durante años Natalia Menéndez se empeñó en tapar durante el Festival. A Natalia le debemos algunas de las mejores ideas para revitalizarlo, pero lo de poner allí un escenario donde se representaban las obras más populares no fue una de ellas.

Lunes, 4 de julio de 2022. Día 5.

Me he puesto Extremoduro para escribir esta crónica. Canta el Robe So payaso. Lo he tenido que quitar porque no hay quien escriba con música. “A ver qué dice después…”, desafía el cantante extremeño. Y eso pienso yo, que a ver qué digo de los payasos. No soy muy original, pero a mí, como a Stephen King y a tantos chavales de los sesenta y setenta, los payasos nos dan miedo. También da miedo Stephen King cuando pone cara de Stephen King. Y más si piensas que pasa sobrado de los setenta años. Los de ayer no daban miedo, pero porque los espectadores éramos un montón, pero los de Mayorga te los encuentras tú solo por la noche y solo piensas en alcantarillas, globos y maldad a raudales corriendo por las tranquilas calles de algún lugar de Maine. Sin embargo, los payasos de Mayorga sobre un escenario, el del Hospital de San Juan, nos hicieron reír con El diablo cojuelo. Eran payasos catalanes, de Velvet Events, que en colaboración con la Compañía Nacional se han lanzado a llevar a escena la obra de Vélez de Guevara, “una comedia genial, pero mala”, como la definen sobre las tablas Martínez (el payaso cojuelo) y sus compañeros.

Domingo, 3 de julio de 2022. Día 4.

Este domingo fui a Madrid a llevar a mi hija a un curso de escalada. Hay cursos de todo. Antes había cursos de mecanografía y poco más, pero ahora si uno, por lo que sea, tiene interés en la confección de papel de seda, se puede apuntar a un curso, ya sea al lado de su casa o por internet. Hace poco desciframos el arcano de las cortinas de baño, de cómo estirar la barra. Porque esa es otra: ¿cómo es posible que las instrucciones sirvan para despistar en vez de orientar? Los de las barras dicen que girando se hacen más grandes o más pequeñas, dependiendo del sentido. Es mentira. Probablemente, los redactores de instrucciones no se hablan con los que hacen las cosas y escriben ficción. Podemos así ampliar el catálogo de los géneros literarios y colocar, junto a la epopeya, el cuento y la novela, las instrucciones. Viví un tiempo en Dublín, poco a Dios gracias, con un tipo que se dedicaba a escribir instrucciones. Patrick se llamaba y las escribía en Amsterdam. Luego se hartó y se vino a Dublín. Si de algo estoy seguro es de que las escribía como le salían. Era plenamente consciente de que no se puede explicar a nadie por escrito cómo programar una lavadora. Era, además, un pésimo jugador de dardos y tuvo un conflicto irresoluble con otro compañero de piso, Peter, un alemán de Nuremberg. Pero esa es otra historia.

Sábado, 2 de julio de 2022. Día 3.

El sábado fue día de cumpleaños. El plural no es por los años, que también, sino porque fueron dos. Los celebraron en el campo, con una paella de ochenta aunque no pasábamos de los cuarenta. Los ochenta se refieren al descomunal recipiente. Los cuarenta, a los comensales. El caso es que no me hagan mucho caso con lo que viene después, porque está mediatizado por la celebración, de la que guardaré un prudente silencio, y sus consecuencias.

Sería en 2013 cuando paseara por última vez Julio César por la arena del Teatro Romano de Mérida. En esa ocasión, Mario Gas y Sergio Peris-Mencheta dieron vida a los personajes de William Shakespeare. Seguro que una versión que presentó, en su momento, una propuesta contemporánea sobre un texto clásico, pero que aunque fuese muy contemporánea estaría a años luz de la propuesta que nos ha presentado este año el argentino José María Muscari en la 68ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 

Viernes, 1 de julio de 2022. Día 2.

Al baloncesto se juega con el culo y con la cabeza. Las manos son solo una ayuda. Esa es una de esas cosas que me hubiera gustado descubrir a mí, porque justifican toda una vida, pero tengo que confesar que se la oí un día a Charles el Gordo Barkley, que es el tipo que mejor ha usado el culo en la NBA. La máxima se puede utilizar también para el teatro, especialmente para el Festival de Almagro, donde la comodidad de tus nalgas desempeña un papel principal para la indulgencia de tu juicio. Se sienta uno en el mullido Teatro Municipal, con su aire acondicionado y su aire burgués, y ya te pueden ir echando cosas, que ni tan mal, que dirían los chavalotes.

Rotundamente si. Claro que ha merecido la pena. Ha merecido la pena que nos mostrara otros mundos, que nos enseñara la belleza del teatro, y se rodeara de grandes artistas que supieron canalizar las ideas de un Marsillach que, como han descrito los que lo conocieron y han estudiado su obra, revolucionó la profesión. Pero no sólo la revolucionó, tuvo el don de conocerla, respetarla y engrandecer el oficio con sus aportaciones. 

Jueves/viernes, 30 de junio de 2022. Día 1.

El fin de semana pasado los almagreños lo dieron todo en la celebración de San Juan: verbena, cantantes de los de bailar, chorizos, morcillas, panceta. Esas cosas y, claro, cervezas. Ayer comenzó el Festival Internacional de Teatro Clásico. Nada menos que la cuadragésimo quinta edición. Si dices cuadragésimo quinta en vez de cuarenta y cinco es que estás preparado para lo que se avecina. Ayer comenzó el Festival y no había quien se sentara en la Plaza. En los bares, se entiende. Mi hijo, que tiene doce años, descubrió la diferencia entre San Juan y el Festival, que empezó ayer: “¿Te has dado cuenta de que está todo lleno y la gente habla bajito?”

Durante años hemos oído hasta la saciedad que la palabra “crisis” en chino significaba “oportunidad” y en numerosas ocasiones se ha desmentido. Sin embargo, con independencia del léxico comparado, es indudable que en momentos de debilidad o caída puede haber un nuevo enfoque, no pensado hasta entonces, y por ende, una nueva oportunidad; como la brindada por el Teatro Calderón para revivir una historia musical atemporal envuelta en un espectáculo sobresaliente.

Me gusta. No me gusta. Parece interesante…. ¡Ni hablar! Las formas de buscar pareja han cambiado. Atrás quedaron las miradas de soslayo en la barra del bar, los tímidos y movimientos cómplices de cabeza en una reunión de amigos, o las románticas cartas de amor. Ahora ligar es cosa de aplicaciones móviles. Tanto si te mueves en lo arcaico y no sabes de qué estoy hablando, como si eres el Julio Iglesias de internet, te recomiendo asistir a esta representación musical ubicada en el Teatro Alfil, donde quizás entres solo y salgas acompañado…