Masescena - Reportajes

AÑO VI  Número 275

26 NOVIEMBRE 2022

“Recuerdo haber leído no sé dónde que no se debe escribir sobre la propia infancia, porque las infancia de todos los hombres es la misma. Efectivamente, yo nací, como todo el mundo, en Lima. Pero no me registraron allí, sino que, como a todos los hombres, me sacaron del Perú casi de contrabando, porque la compañía en que actuaba mi madre continuaba su gira, y fui inscrito días después en Buenos Aires. Mi abuela, como las abuelas de todos los demás, tuvo que desplazarse – a sus sesenta años de costurera madrileña – a la ciudad del Plata para hacerse cargo del evento, ya que mi madre se había contratado en otra compañía trashumante, la de Antonia Plana y Emilio Díaz, y no sabía qué hacer con aquel regalo de la Providencia.”

La Compañía Nacional de Teatro Clásico ha iniciado este año una colección de libros vinculados al análisis de las perspectivas de creación y recepción de teatro del Siglo de Oro.

Esta temporada han presentado dos volúmenes:

  • La grandeza. Teatro, poesía y política en la España del Siglo de Oro, escrito por María Condor Orduña, doctora en Historia del Arte y licenciada en Filología y en Derecho.
  • El recogimiento. La ventura del yo, escrito por Gregorio Luri, maestro, licenciado en Pedagogía y doctor en Filosofía.

Se trata de dos libros editados de forma sugerente e informal que nos permiten aproximarnos a las grandes ideas que sustentan los temas y estrategias narrativas del teatro del Siglo de Oro. Dos libros breves que nos hablan de líneas de creación de la consciencia colectiva aparentemente antagónicas, pero profundamente complementarias.

Fue el día 17 de junio de 1971, hace medio siglo.

El Boletín Oficial del Estado, en su página 9784 decía: “La consideración del relevante interés general de las actividades teatrales con su evidente influencia en la formación artística, cultural y social de la comunidad nacional, hace aconsejable adoptar las medidas necesarias para asegurar la conservación de los documentos y medios creados a través de su historia y la constancia de las manifestaciones escénicas de nuestro tiempo, a fin de evitar la pérdida o dispersión de los vestigios de una labor, unos esfuerzos y unas aportaciones de los que, en muchos casos, apenas queda constancia…” así comenzaba la orden de 9 de junio por la que se creaba en la Dirección General de Cultura Popular y espectáculos un Centro Nacional de Documentación Teatral.

Fue el día 17 de junio de 1971, hace medio siglo.

El Boletín Oficial del Estado, en su página 9784 decía: “La consideración del relevante interés general de las actividades teatrales con su evidente influencia en la formación artística, cultural y social de la comunidad nacional, hace aconsejable adoptar las medidas necesarias para asegurar la conservación de los documentos y medios creados a través de su historia y la constancia de las manifestaciones escénicas de nuestro tiempo, a fin de evitar la pérdida o dispersión de los vestigios de una labor, unos esfuerzos y unas aportaciones de los que, en muchos casos, apenas queda constancia…” así comenzaba la orden de 9 de junio por la que se creaba en la Dirección General de Cultura Popular y espectáculos un Centro Nacional de Documentación Teatral.

Ya hemos mencionado en alguna de estas notas de Efemérides una primera campaña organizada por el Ministerio de Información en 1968, en la que tres compañías privadas con ayuda del Ministerio realizaban una gira con un repertorio de prestigio por una parte delimitada de nuestra geografía. En aquella primera experiencia, se dividió el país en tres partes: el Norte, para la compañía Calderón, dirigida por Pérez Puig; y el Sur para la compañía Lope de Vega de José Tamayo; la compañía Moratín de Barcelona contaba con los directores José María Loperena, Adolfo Marsillach y Daniel Bohr.

Hoy nadie niega que Enrique Jardiel Poncela sea, con Carlos Arniches, el más grande autor de comedias español del siglo XX. En febrero de 1941, las cosas eran algo distintas. Jardiel se entrevistaba con Tirso Escudero, el empresario del Teatro de la Comedia de Madrid, y le ofrecía la posibilidad de romper el compromiso que habían firmado para aquella temporada y las dos siguientes, según el cual Escudero estrenaría dos nuevas comedias de Jardiel cada temporada. El motivo de la propuesta de Jardiel era el tremendo fracaso que había tenido El amor solo dura dos mil metros, la comedia estrenada por Jardiel aquel 22 de enero en la que daba cuenta de su experiencia americana.

El 11 de abril de 1971, tuvo lugar en el Teatro María Guerrero de Madrid el estreno de El círculo de tiza caucasiano, obra de Bertolt Brecht basada en una obra china, El círculo de tiza, de Li Hsing Tao, estrenada hacia 1350. José Luis Alonso, a la sazón director del Teatro María Guerrero, se hacía cargo de la puesta en escena, para la que contó con una traducción y versión de Pedro Laín Entralgo, la escenografía de Sigfrido Burmann y los figurines de Javier Artiñano. El espectáculo estrenano en Madrid contaba con la misma música compuesta por  Paul Dessau para el estreno alemán. Alonso contó con los actores que formaban su elenco habitual: María Fernanda D'Ocón, José Bódalo, Víctor Gabirondo, Luisa Rodrigo, José Luis Heredia, Carmen Segarra, Francisco Hernández, Juan José Valverde, Enrique Navarro, Cesáreo Estébanez, Margarita García Ortega, Gabriel Llopart, José María Pou, Pepita Sánchez, Flor de Bethania, Luis Zorita, Felipe Carlos Antón, José Sanz, Ana María Ventura, Félix Dafauce, Miguel Pérez Ramírez, Francisco Cecilio, Andrés Valdivia, Félix Navarro, Luis Lorenzo, María Luisa Hermosa, María Caro, Joaquín Pascual de la Fuente, Gloria Ronzi, Emilio Hernández, Manuel Gijón, Paquita Gómez, Elena Foyé, Pedro Fernández, Yolanda Cembreros, Luisa Armenteros, María Luisa Arias, Joaquín Molina, Concha Hidalgo, Maruja García Alonso, Arturo López, Julia Trujillo, Juan Madrigal, Tito Ibarzábal, Luis García Ortega, Mariano Sanz, José Segura, Matilde Fluixá y Juan Miguel Ruiz.

Con 8 años de trayectoria, la compañía de teatro PasoAzorín cuenta con más de 20 montajes en su repertorio, en el que se puede destacar La Importancia de llamarse Ernestocon la que han hecho más de 100 funciones con excelente respuesta de público al volver a escena tras el periodo de confinamiento.